Del derecho y del revés

Blog del ciclo creado y coordinado por Laura Capella

De cuerpos y sujetos

Por Laura Capella
VII Jornadas Psicoanálisis, salud y políticas públicas
Cátedra Libre Oscar Masotta
Panel: Consideraciones sobre el trauma en la clínica psicoanalítica
Con Lili Baños y Luisina Bourband

I – Una introducción de evocaciones

Nunca olvidaré cuando en el secundario una profesora nos transmitió la importancia de la Carta Magna Inglesa y dentro de ella, pero incorporado cuatrocientos años después, el derecho de Habeas Corpus, cuyo significado es Tú tienes el cuerpo e implicaba que ningún súbdito inglés podía ser detenido sino en virtud de una sentencia, ni arrestado sino como consecuencia de una instrucción judicial y de orden emanada de Juez competente.

Ése era el derecho que había que exigir que se ponga en marcha cuando, durante la dictadura de Onganía, Lanusse y compañía, no venía uno de nuestros compañeros a los famosos controles; y fue haciendo un control en el hall de Humanidades y Artes que conocí al que sería mi compañero de toda la vida.

Lo siniestro de todo esto es que, así como en las movilizaciones de los ’70 nos reíamos, por ingenuas, de las anécdotas de nuestros padres que contaban que en medio de una carga de caballería ante algún disturbio estudiantil, bastaba con ponerse a cantar el Himno Nacional para que los escuadrones se detuvieran y cuadraran; luego, durante los terribles años de la última dictadura militar, terminó siendo también cuasi ingenuo, aunque casi nunca se dejó de exigir, el famoso pedido de Hábeas Corpus.

Lamentable y siniestramente el pedido de Habeas Corpus ha venido unido a la sospecha de desaparición forzada de persona, acto criminal que realiza el Estado y que significa la violación de múltiples Derechos Humanos.

Plena Dictadura militar autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, me encuentro casualmente con una amiga y colega y sus tres niños. Su marido ha desaparecido hace unos años. Los niños son encantadores, vivaces e inteligentes – pero de alguna manera expresan el trauma vivido en la familia. Abrazos, besos y jugueteos en medio de la peatonal Córdoba. Y mientras caminábamos un tramo juntas, el comentario apesadumbrado y casi susurrado: Encima, por una cuestión de seguridad, no le puedo hablar de lo sucedido a las maestras.

Dos niñas despiertan y encuentran que la puerta de su dormitorio está cerrada, cosa que es muy rara. La abren y encuentran, literalmente, el departamento dado vuelta. Muebles arrojados al piso, cajones vaciados y su contenido desparramado, pero lo peor… Sus padres no estaban. A los pocos días alguien le dice a uno de sus abuelos que sabía de casos que al mes, los detenidos-secuestrados habían aparecido sanos y salvos. El abuelo respondió irritado y tremendamente afectado: ¡Un mes! ¿¡Cómo es posible que vayan a estar ausentes un mes!? Una de esas niñas, hoy mujer, comenta con una sonrisa bella y resignada: Pasaron más de cuarenta años. Ellas tienen hoy más años que sus padres cuando desaparecieron. Nunca más supieron de ellos.

 

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Categories: Derechos humanos

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