Del derecho y del revés

Blog del ciclo creado y coordinado por Laura Capella

Comer el libro/quemar el libro

Comer el libro / Quemar el libro (Freud y la muerte del padre)

Ps. Laura Capella

Poco antes de que comenzara la Primera Guerra Mundial, en unas vacaciones en Italia, Freud pasa horas tratando de sostener la mirada colérica del Moisés de Miguel Ángel, erigido en la Iglesia San Pietro In Vincoli, en Roma.

Por momentos intenta sostener la mirada del Moisés y por momentos se identifica con la chusma a quien Moisés fulmina con su mirada.

Dice que es una escultura enigmática. Concretamente representa a Moisés, legislador de los judíos, con las tablas de la ley.

Dice Freud: El Moisés se nos muestra sentado, con el tronco de frente y la cabeza y la mirada vueltos hacia la izquierda; el pie derecho descasa sobre el suelo, en tanto el izquierdo se alza apoyado solamente en los dedos; el brazo derecho se halla en contacto con las tablas de la Ley y una parte de la barba, y el izquierdo reposa sobre el regazo.

Toma, por otra parte, la descripción fisonómica de Moisés hecha por Thode, un crítico de arte, el cual caracteriza la expresión de  Moisés como de:

Cólera (entrecejo contraído)- Dolor (mirada)- Desprecio (expresión de la boca)

Freud sostiene que Miguel Ángel representó a Moisés en un momento determinado y muy importante de su vida: cuando desciende del Monte Sinaí con las Tablas de la Ley, escritas por el propio Dios y descubre que los judíos han construido un becerro de oro al que adoran y en  torno al cual danzan con júbilo.

Dice Freud que Miguel Ángel ha elegido el instante de la última vacilación, de la calma precursora de la tempestad.

En el instante inmediato Moisés se erguirá violento –el pie izquierdo se alza ya en el suelo- arrojará de sus manos, quebrándolas, las tablas de la Ley y descargará su ira contra los apóstatas.

Se detiene a observar la posición de la mano derecha y de las Tablas de la Ley. Observa que las Tablas de la Ley están cabeza abajo, lo cual es extraño para tales objetos sagrados.

Concluye que la escultura representa el momento inmediatamente anterior al instante en que las tablas se hubieran caído y roto.

Según Freud, y ésta es una interpretación notable, Moisés detiene su furia para evitar la rotura de las Tablas de la Ley.

Dice que la escultura representa el momento en que vuelve atrás, habla del residuo de un movimiento ya ejecutado. El momento en que Moisés acepta su misión y renuncia a satisfacer su deseo colérico.

En esa actitud permaneció ya quieto y así le ha eternizado Miguel Ángel…venciendo sus propias pasiones en beneficio de una misión a la que se ha consagrado.

Del “Moisés de Miguel Ángel”, en el ‘14, antes de la primer guerra, pasamos al “Moisés y la religión monoteísta”, poco antes de la 2ª Guerra Mundial, antes aún del exilio en Inglaterra, en una Viena ocupada por el nazismo, con sus libros ya quemados. Freud insiste con un texto que sabe le procurará la enemistad de su propio pueblo al decir que Moisés era egipcio –heredero del monoteísmo de Akenatón o Madianita, trayendo consigo a Jahvé, un dios volcánico, expresado por e fuego de la zarza ardiente.

¿Por qué de una guerra a la otra, con esa insistencia? En la 2ª Guerra se demostrará fielmente de cuanta crueldad es capaz el hombre, tal como lo había anunciado en “El malestar en la cultura”, insistiendo con la frase que Hobbes toma de la Biblia: Homo homini lupus –el hombre es lobo del hombre.

Entonces, ¿Por qué esa insistencia? La teoría freudiana reposa en última instancia en el postulado: El parricidio funda la ley.

Ya lo había planteado en 1912 con Tótem y tabú y la teoría del asesinato del padre de la horda.

Parricidio que según Freud aparece aceptado por cristianismo dado que si el Hijo paga con la vida un pecado de la humanidad, éste de acuerdo a la ley del Talión, deberá ser sin lugar a dudas otro asesinato, y éste sería el del Padre.

En tanto, dice, la culpa que arrastra el pueblo judío es la de no reconocer el parricidio. Parricidio del pueblo judío que Freud supone, basándose en textos luego rectificados, que se trata de la muerte de Moisés, asesinado por su propio pueblo antes de llegar a la tierra prometida, y como Edipo, con una tumba desconocida.

Ahora bien, llegamos a la magistral interpretación que hace Gerard Haddad[1]:

v      Si el parricidio es para Freud el crimen más extremo que pueda cometerse

v     y para los religiosos judíos el crimen más extremo es la destrucción de la Torá

v     la famosa muerte del padre, no la muerte real, la del padre de la horda, sino la muerte simbólica, el acotamiento del padre, su transformación en un par, su sujeción a la ley, su transformación en un compañero, sería la rotura, la destrucción de la palabra escrita, de la Torá, de las tablas de la ley.

La incorporación identificatoria del padre, por la culpa, que aparece en los banquetes totémicos, en los rituales de distintas culturas, como la comunión con Dios a partir de incorporarlo devenido pan, a través de la hostia, aparece expresado concretamente en el Apocalipsis como comer el libro.


[1] Gérard Haddad, Los bibliocastas, el mesías y el auto de fe, Ed. Ariel

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