Del derecho y del revés

Blog del ciclo creado y coordinado por Laura Capella

María del Carmen Marini: Sobre subjetividad femenina

A propósito de la Conferencia sobre Simone de Beauvoir, María del Carmen nos envía este trabajo.

DSCN6113Nos proponemos revisar los postulados tradicionales acerca de la feminidad con el propósito de plantear los obstáculos y logros en el camino del género mujer.
Proponemos lo que en apariencia puede ser visto como una lucha por descubrirnos más allá de estereotipos, como una insólita aventura, la de apoderarnos de nuestra palabra, como un esforzado trabajo, el de construirnos en las dimensiones que quedaron postergadas.

Empezaré este trabajo con algunas definiciones, a fin de examinarlas luego.
Sisebuta: Mujer mandona, agria, que ejerce el poder.
Arpía: Mujer artera, codiciosa, astuta.
Bruja: Mujer que hace cosas extraordinarias por tener pacto con el demonio.

Musa: Creación mitológica que protege las ciencias y las artes.
Hada: Ser fantástico en forma de mujer a quien se atribuyen poderes mágicos.
Angel: Ser extremadamente hermoso, afable, inocente y bueno.

Consideramos estas definiciones como interesantes aproximaciones al tema que abordaremos hoy, por constituir un modo frecuente aún de pensar lo femenino desde sus estereotipos más flagrantes: desde la extrema idealización por un lado a la denigración total por el otro.

Y nos planteamos el carácter de estas definiciones como creaciones patriarcales en tanto parecen no solo describir sino, y fundamentalmente prescribir los modos de ser de lo femenino, desde un concepción cosificadora que más que indagar, propone desde afuera y desde arriba dichos modos.

Dicen cómo ser. Y en estas dos maneras de ser hay una concordancia con la propuesta por Elvira Lutz cuando se refiere a la vigencia de las dos V, en la consideración de lo femenino. Y las dos V tienen que ver con la asignación de la mujer a los lugares de Virgen o de Vampiresa. Como inefable e incorpórea dama evanescente o como libidinal y carnal comehombres.

Y en ambos casos lo que se verifica es la amputación de dimensiones que quedan así escamoteadas. Lo social (que hasta ahora es lo social androcéntrico compartido por varones y mujeres) funciona de acuerdo a imágenes de lo que las mujeres han de ser, sin prestar atención a lo que son. A lo que puede plantearse por fuera de estereotipos.

Ni la Virgen, ni la vampiresa dan cuenta de lo femenino pero si reflejan modos de concebirlo y describirlo que se corresponden con cristalizaciones antiguas como el mundo y vigentes como la injusticia. Entre esas cristalizaciones, es que se filtra aquello que me interesa destacar, aquello que resignifique a lo femenino y pueda ser rescatado.

Con respecto a las cristalizaciones, éstas deben ser exploradas como construcciones. No como construcciones inocentes sino interesadas y al servicio de un modo de funcionamiento en lo social-cultural.

De esta exploración lo primero que emerge es la necesidad de incorporar las voces acalladas y dar lugar a la palabra a quienes permanecieron silenciosas.

Esto tuvo lugar desde los Estudios de la mujer, a cargo de investigadoras de distintas disciplinas, que desmistificaron presunciones dadas por verdades y abrieron nuevas perspectivas.

Señalaron la necesidad de recurrir a lo testimonial y concluyeron en una denuncia. Se desestimaban todas las dimensiones de lo femenino no referidas a lo materno.

Lo valorado en la mujer, su potencial condición de madre, también cabe ser interrogado.

Y esto porque la tradicional imágen de la madre abnegada desviviéndose por los suyos, es pasible de crítica. (Pensemos que hemos elogiado como virtudes lo que ahora sospechamos como coartadas tramposas y entrampantes ).

Este modelo de madre “sacrificada” que estamos analizando, que vive vicariamente a través de los otros es insalubre. Genera deudas imposibles de saldar. ( Puesto que te di la vida, que menos puedo tomar que la tuya a cambio? ).

Resulta más eficaz como guía para un existencia libre y fructífera la de quienes por haber vivido sus propias experiencias pueden estimular a los que vienen a recorrer sus propios caminos, sin el peso de deudas impagable.

Podrían pensarse las cosas en sentido exactamente inverso, porque entiendo que si cabe una gratitud inmensa, ésta sería de quienes tenemos hijos hacia ellos ya que nos dieron la posibilidad y el privilegio de vivir la experiencia de gestar, parir y criar como enriquecedora y vital.

De lo planteado hasta ahora cabe jerarquizar tres temas:

-El del androcentrismo que atraviesa nuestra cultura e impregna nuestros vínculos, poniendo al varón como norma y medida de lo humano.
-El de la vigencia de la división de las mujeres en dos categorías polarizadas y antagónicas.
-El del enaltecimiento del rol materno, idealizado y desexualizado como eje de lo femenino, haciendo equivalentes lo femenino valioso a lo materno.

Las mujeres y los derechos humanos

Conectado con este tema de lo valioso de lo femenino tomaremos el de los derechos humanos, debatidos desde hace tiempo. Tanto es así, que ya en la reunión de Nairobi en 1985 se formula un Documento Base en el que se sistematizan ocho puntos referidos a la calidad de vida que se propugnan y se plantean estrategias para la salud mental de las mujeres en el dos mil.
Los ocho puntos se refieren a obtener:

l- Sensación de la propia dignidad
2- Capacidad de quererse a si misma y a los otros
3- Permanente adquisición de habilidades para la supervivencia
4- Valoración tanto de las hijas como de los hijos
5- Habilidad para ofrecer y pedir ayuda
6- Capacidad de disfrutar de la vida, el trabajo, la naturaleza
7- Derecho a expresar toda la gama de emociones, incluyendo indignación y rabia ante la injusticia
8- Derecho a realizar acciones tendientes a la igualdad, incluyendo la resistencia, la organización y la protesta colectiva ante la injusticia.

Estas reivindicaciones apuntan a fortalecer esas otras dimensiones de la subjetividad que por fuera del rol materno implican un despliegue personal atendible y postergado.

Al respecto escribía Nelli Casas:

Esa condición de personas de segunda (de las mujeres) en cualquier estrato social en que se mueva y desarrolle su actividad, es una denuncia al incumplimiento de las condiciones de igualdad que la condición humana y las leyes de país establecen. Esta violación de los derechos humanos que no es tan explícita como para que la sociedad se conmueva ni tan implícita como para que una advertencia la ponga sobre el tapete…tiene connotaciones tan sutiles, que muchas veces ni las propias damnificadas lo concientizan. Un buen trato puede disimular la situación de esclavitud, como el bueno de Tío Tom aceptaba de sus buenos amos que fueran sus dueños y él una propiedad privada que podía venderse o comprarse. Una educación bien absorbida puede ser una buena fuente de justificaciones para aceptar un rol secundario. Una afinada seducción puede adormecer incipientes rebeldías. Pero en un punto aún esas mujeres bien tratadas, bien educadas y bien seducidas, saben que no son dueñas de sus destinos, como no son iguales frente a los hijos, como no son iguales frente a las posibilidades de dirección y ejecución, como no son iguales para el uso del tiempo y las energías, como no son iguales en la sexualidad y como no son iguales en las oportunidades.

Las mujeres de los países muy desarrollados están mejor que las mujeres de los países muy subdesarrollados. Las mujeres de la actualidad están mucho mejor que las mujeres de las generaciones anteriores. Las mujeres cultivadas y creadoras están mucho mejor que las condenadas a tareas rutinarias y retardatarias de su crecimiento. Pero todas están varios peldaños más abajo que los hombres que viven su misma situación social y cultural.

Los derechos humanos de esta mitad de la población que quiere y no puede ascender esos peldaños que la igualen en posibilidades de vivir en plenitud, están esperando ser vistos y considerados.

Lograr que la letra de declaraciones respecto a derechos del género femenino se cumpla en los hechos es tarea todavía en curso.
Descreer de los supuestos convencionales sobre lo femenino y lo masculino no solo permitirá agilizar enriquecimientos subjetivos que están pendientes sino que también posibilitarán otras formas de vinculación entre hombres y mujeres descubriendo y utilizando compatibilidades posibles entre quienes son verdaderamente pares.

De los Estudios de la Mujer a las Teorías del Género

La lucha por los derechos de las mujeres está vinculada a las postulaciones del feminismo como perspectiva teórica que cuestiona la existencia de roles biológicamente determinados y a partir de allí se compromete en hacer visibles las desigualdades que implican dichos roles.

El feminismo en tanto reflexión sobre las relaciones opresivas que se establecen por razones de género cumple una función de denuncia de nuestra sociedad patriarcal, permitiendo imaginar otras formas de funcionamiento. En tanto lucha política por una mayor justicia implica un posicionamiento ético insoslayable.

De los Estudios de la mujer desde una perspectiva feminista se fue transitando a los estudios de Género en donde la problemática de mujeres y varones entró ser considerada en su interrelación.

No olvidemos que la artimaña ideológica de patriarcado involucró a varones y mujeres y que (como plantea Hector Bonaparte en “Unidos o dominados”) deconstruir los supuestos de una “anatomía como destino” según el falocentrismo vigente, para pasar a concebir que no se nace, sino que se “deviene” como ser humano varón o mujer, es una tarea laboriosa. Tarea que implicará primero una crítica justa, minuciosa y coherente de la sociedad patriarcal. Tarea desafiante y revolucionaria en segundo lugar en tanto se propone transformar las relaciones humanas recreando los vínculos intergénero.

El primer paso lo constituye el cuestionamiento de la opresión naturalizada de las mujeres respecto de los hombres
Poner en evidencia la “artimaña ideológica” actuante en dicha opresión permitirá cambiar el punto de vista y avanzar en el develamiento de un falocentrismo que impregna historia y subjetividades con su “estructura de roca” aunque se trate de un “coloso con pies de barro”.

Esto no es sin consecuencias pues además de los dolorosos duelos que supone el cambio de perspectiva en la constitución del psiquismo para varones y mujeres, la familia también resonará en las maneras de ser conceptualizada. De hecho que la realidad nos muestra que en la constitución de las nuevas familias la redistribución de roles apunta a una mayor democracia entre los miembros.

Hay otro orden de interesantes consecuencias a atender pues el salir de la trampa que suponía también para el varón el modo convencional de funcionamiento según los estereotipos que denunciamos : conquistador, protector y vigilante, habrá pérdidas pero también réditos a considerar.

Los varones afrontan la paradoja de que cuestionar sus privilegios les creará sinsabores frente al colectivo machista por el que serán catalogados de “raros”, “afeminados”, o traidores. Con lo que se llega al absurdo de tener que ser muy hombres para asumir la sensibilidad retaceada al género.

La problemática de los varones

Llegó a ser todo un logro el aceptar que perder machismo ( en tanto estereotipo y caricatura ) no es perder masculinidad, sino conquistar una forma de hombría más profunda y humana..
Sergo Sinai escribe al respecto:

El estereotipo masculino nos dejó a los varones desconectados de nuestro mundo emocional, privados de demostrar nuestro potencial afectivo, exiliados de los espacios de la intimidad doméstica y de nuestra propia interioridad, recortados de nuestra creatividad profunda, aislados de nuestros hijos, relegados en nuestros deseos, reducidos a ser maquinarias productivas, tanto en la sexualidad, como en la percepción de nuestro propio cuerpo, de nuestras energías y de nuestro lenguaje.

Otro estudioso de la masculinidad, Luis Bonino Mendez describirá lo que él llama los micromachismos, microabusos y microviolencias de la vida cotidiana que infectan la convivencia de varones y mujeres y que es preciso desactivar para que puedan surgir y prevalecer relaciones más sanas.

Implicará que se develen los puntos ciegos en relación con el propio género, ser capaz de revisar los propios prejuicios sexistas, aclararse las propias creencias sobre la validez de los hechos abusivos, tener la capacidad de soportar confrontaciones y la flexibilidad de operar cambios sobre lo que se daba por establecido.

De la violencia

En diferentes ámbitos las opresiones por razones de género afectan a mujeres y varones en forma escandalosa o solapada.

Con respecto a las mujeres, que es nuestro tema hoy, vienen describiéndose desde las formas más obvias y estridentes que saltan a la crónica policial, a otras más sutiles pero igualmente efectivas en su poder destructivo de subjetividades.

Cabe consignar en el área de la sexualidad cuánto más difícil es concientizar un abuso que una violación, y por tanto cuan dañino puede resultar al quedar encubierto y dejar a la protagonista de tal abuso en la confusión respecto de sus propios registros. Si es muy difícil probar una violación, el único delito donde la víctima debe empezar demostrando su inocencia ¿cuánto más lo será aquel insidioso acercamiento que puede venir impregnado de presumible interés y ternura?.(Y sabemos de jueces, de médicos y de psicólogos que abusan del poder de su cargo)

En el área del trabajo son bien conocidas las problemáticas referidas al acoso, así como la injusticia que suponen los obstáculos descripto acertadamente (Mabel Burín ) como el “suelo pegajoso” ( las múltiples cargas domésticas que limitan desde lo familiar el desempeño de las mujeres ) así como el “techo de cristal” invisible pero muy efectivo en las posibilidades de promoción a igual talento de mujeres a cargos jerárquicos.

Los llamados “laberintos del éxito” que describe Clara Coria operan correlativamente y desde adentro para que muchas mujeres sientan cierta vacilación en acceder a mayores logros profesionales y económicos, y se enreden en los mismos, en tanto ser una mujer que llega al triunfo en sus aspiraciones laborales supongan la posibilidad de perder el amor que reclaman, como si de tener una cosa no se pudiera tener la otra.

En los vínculos de pareja la alternativa parece circular entre “ser” y “ ser amada” y para quienes se proponen la conformación de parejas innovadoras sobre otras bases todavía no hay respuestas definitivas.(Irene Meler)

En lo que podemos coincidir es en la necesidad de recrear los modos del encuentro sobre pautas de respeto recíproco y madurez en el cuidado de si y del otro, y esa es una tarea en curso para valientes.

Con respecto a la maternidad los desafíos que plantea ofrecen para esta generación particularidades que surgen de dos hechos: a) la existencia de anticonceptivos eficaces. b) los estudios de histocompatibilidad que permiten determinar la filiación de los hijos.

No obstante la maternidad sigue significada de distintas maneras según los casos, como trampa que agobia, como recurso que provee fuerzas o como coartada existencial. O tal vez como mezcla de todo esto, que resultará revelador poder pensar.

Lo que planteamos como anhelo es que superados los obstáculos que encorsetaron nuestra visión del mundo podamos alcanzar niveles de mayor libertad (que no quiere decir mayor felicidad) en nuestro posicionamiento respecto de estos temas. Varones y mujeres hemos vivido mutilados de diferente modo. Llega el momento de incorporar aquello de nosotras/os que es irrenunciable si queremos acceder a otro nivel en nuestro crecimiento personal.

Para las mujeres la tarea está iniciada y son muchos, cada vez más los compañeros de ruta.

Porque no es lo mismo ser silenciosas que silenciadas, inválidas que invalidadas, sumisas que sometidas, impotentes que impotentizadas.


María del Carmen Marini
Mayo del 2001.

 

 

 



Categories: Épocas, Subjetividad

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